Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular
La insulino resisitencia (IR) es el factor más potente en la predicción de la Diabetes. Esta se asocia frecuentemente con la adiposidad y la ingesta crónica y excesiva de energía. Bajar de peso y reducir la grasa corporal mejoran la sensibilidad a la insulina.
Las modificaciones en el estilo de vida han demostrado ser muy efectivas en la reducción de la aparición de Diabetes tipo 2 (DT2) en individuos con riesgo, como intolerantes a la glucosa o con glucemias de ayuno alteradas. Para estas personas es efectivo el seguimiento cercano y el cambio positivo en su estilo de vida. La actividad física, a través de programas estructurados, es también un factor que mejora la IR a corto y largo plazo. Para ello se busca que la persona logre realizar un mínimo de 2 horas y media semanales de actividad física. Una pérdida de peso saludable siempre mejora la IR. En este sentido se apunta, al menos, a la reducción del 7 % del peso inicial.
Sin embargo, independientemente de la reducción de peso, existen algunos componentes de la dieta que tienen efecto en el metabolismo y, por consiguiente, modulan la IR. El patrón dietético es uno de ellos. También lo son los tipos de ácidos grasos, las dietas altas en proteínas y bajas en carbohidratos, la calidad de los productos ricos en carbohidratos, el índice glicémico y carga glicémica, el efecto metabólico de dietas altas en fibra y el tipo de fibra.
Ácidos grasos.
En general, una ingesta excesiva de grasas (más del 37 % la energía del día), cualquiera sea su calidad, se asocia con un empeoramiento de la insulino resistencia. Esto se debe a una combinación de factores que interfieren con la asociación de la insulina con sus receptores y la acumulación de triglicéridos en el musculo esquelético.
Que la ingesta de grasa constituya entre un 20 y 35 % de la energía del día es un rango aceptable. Sin embargo, en el entorno de un aporte del 30 %, la influencia sobre la IR en el efecto metabólico y el riesgo cardiovascular, comienza a depender de la calidad de la grasa consumida.
Múltiples estudios han documentado que al seguir una dieta del estilo mediterráneo, rica en ácidos grasos monoinsaturados, se mejora el control glicémico y los lípidos circulantes. Por ello, se la recomienda como alternativa a la dieta baja en grasas y más alta en hidratos de carbono (HC).
Si se mantienen las mismas calorías pero se baja los ácidos grasos saturados (AGS) de la dieta y se aumentan los monoinsaturados (AGM), se reduce aproximadamente un 10 % de la IR. El efecto negativo de los ácidos grasos saturados se debe al aumento de la grasa intramiocelular, mediada por estos AGS, y es una causa de la insulino resistencia.
Los saturados interfieren en la función de la membrana celular, además tienen un efecto pro inflamatorio y un efecto tóxico en las células beta. Sin embargo, los AGS son una familia de productos complejos con distinta funcionalidad y roles biológicos. Por otra parte, y aunque aún no se comprende en su totalidad, los ácidos grasos monoinsaturados generan una mejora metabólica de manera subyacente en la composición de la membrana celular, con un impacto funcional. Pero no se puede afirmar que existe una asociación directa con la reducción del riesgo de padecer DT2.
Algunos ácidos grasos poliinsaturados (AGP) también tienen un efecto modulador beneficioso.
Con respecto a los ácidos grasos trans, se vio un efecto de aumento de riesgo para DM2 dosis dependiente, aunque el efecto causal de inflamación para D2 aún no ha sido probado.
Tipos de Hidratos de Carbono (HC).
Las dietas con alto contenido en HC aumentan la glucosa posprandial y la concentración de insulina, y empeoran la oxidación grasa.
En estudios observacionales, se asoció en forma independiente a los alimentos con alto índice glucémico con un aumento en el riesgo de IR, mientras que los de bajo índice glucémico, mejorarían la IR en pacientes con DM2. Estos estudios no son claros, ya que aquellas dietas con bajo IG son, en general, también altas en cereales integrales, lo que confunde este efecto con el de la fibra dietética.
Fibra Dietética.
El efecto de la fibra y la reducción del riesgo de DM2 aun no son claros. Hay estudios que muestran una reducción marcada del riesgo asociado a un gran consumo de cereales altos en fibra pero no se vio un efecto consistente para frutas o vegetales.
Con el aumento en el consumo de fibra se ha demostrado una mejora en la IR en estudios a corto y largo plazo, dependiendo de la dosis. Aun no queda claro el mecanismo, pero se teoriza que podría ser por el enlentecimiento de la absorción de nutrientes que se prevendría la IR.
Dietas altas en proteínas,
Las dietas altas en proteínas influyen en los lípidos sanguíneos, la composición corporal y el descenso de peso a corto plazo. Una explicación podría ser el efecto de saciedad que tienen las proteínas, y la menor variedad de comidas de estas dietas al reducir los hidratos de carbono. Al bajar las proteínas del 15 al 10% del aporte energético, se produce un aumento de la ingesta de calorías a expensas de alimentos sabrosos entre horas. Esto indicaría que las proteínas ayudan a reducir la energía consumida.
Sin embargo, la exposición a altas concentraciones de aminoácidos, asociado con la estimulación del glucagón en el páncreas endocrino, el alta recambio de glucógeno y la estimulación de la glucogénesis, llevan a la insulino resistencia. A corto plazo este efecto es compensado por la reducción de peso, y el aumento de masa muscular en personas que se ejercitan.
No se ha comprobado una reducción sostenida de peso con dietas altas en proteínas. Se observó que con este tipo de dietas, así como con los hidratos de carbono de alto índice glicémico, se puede incrementar la inflamación, lo que podría estar relacionado con un empeoramiento futuro de la IR.
Conclusiones.
Una reducción en el consumo de energía, combinada con actividad física, sigue siendo la herramienta básica para mejorar la sensibilidad a la insulina a través de la modificación del estilo de vida. A la luz de la evidencia actual, otras medidas dietéticas pueden reducir la IR como el uso de la dieta mediterránea, pero evitando el exceso de grasa. En la alimentación es recomendable sustituir los ácidos grasos saturados y los trans por ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, como Omega 6 y 3 y enfatizar el uso de fibra de cereales en la dieta. También es importante mantener la actividad física a altos niveles.
La dieta mediterránea no parece ser muy complicada de adoptar, y aporta muchos de los factores que se han identificado como beneficiosos en la IR.